¿Amor o Adicción? La Trampa Química de la Fase de «Luna de Miel»

El Dulce Veneno del «Perdón»

Después de la tormenta, llega la calma. O eso parece. Después de la agresión, de los gritos o el silencio punitivo, tu agresor aparece transformado. Llora, se arrepiente, te promete el cielo, te da regalos, te dice que te ama como nunca. Parece el hombre o la mujer del que te enamoraste. Sientes un inmenso alivio, una oleada de esperanza. «Ahora sí va a cambiar», te dices. «Este es el amor que siempre quise.»

Y es en ese momento donde la trampa se cierra. Esta es la Fase de «Luna de Miel» (o Arrepentimiento) del ciclo de la violencia. Y no es amor; es el gancho más potente que te mantiene atada a la relación.

Si te sientes adicta a esos momentos de «paz» después del caos, este artículo es para ti. Vamos a entender qué le pasa a tu cerebro y a tu cuerpo para que sepas que no estás «loca» por sentirte así.

La Trampa Biológica: El Ciclo Cortisol-Dopamina

Imagina esto: Durante la fase de tensión y la explosión de violencia, tu cuerpo está en modo de supervivencia extrema. Tu cerebro libera una cascada de hormonas del estrés, como el cortisol y la adrenalina. Tu corazón late a mil, tus músculos se tensan, estás en alerta máxima. Es agotador, es aterrador.

Pero luego, cuando llega la «Luna de Miel», cuando el agresor se arrepiente y te envuelve en una manta de cariño, tu cuerpo experimenta un alivio inmenso. ¡La amenaza ha desaparecido! Y con ese alivio, tu cerebro libera dopamina y oxitocina.

  • La dopamina es la hormona del placer, de la recompensa. Es la misma que se libera con el sexo, la comida deliciosa o las drogas.
  • La oxitocina es la hormona del apego, del vínculo. Te hace sentir unida, segura, amada.

¿Entiendes ahora la trampa? Tu cerebro empieza a asociar el alivio de la «Luna de Miel» con un chute masivo de placer y conexión después de un estrés extremo. Te haces, literalmente, adicta a ese ciclo químico. Tu cuerpo empieza a anhelar el perdón y el cariño porque significa el fin del dolor y la liberación de esas hormonas placenteras. Es el equivalente biológico a la adicción.

La Revictimización: Cuando el Agresor se Vuelve Tu «Salvador»

En la fase de «Luna de Miel», el agresor no solo libera dopamina en tu cerebro; también te manipula psicológicamente de forma maestra:

  1. Reafirma su «Amor»: Te dice que «sin ti no es nada», que va a cambiar «por ti», que tú eres «su mundo». Esto reactiva tu esperanza y tu inversión emocional.
  2. Se Pone en Rol de Víctima: A veces, el agresor llora más que tú, dice que él también sufre, que «no puede vivir con su culpa». Te hace sentir que tú también tienes que «salvarlo» a él.
  3. Refuerza tu Dependencia: Después de humillarte y aterrorizarte, él vuelve como tu único consuelo, tu «salvador». Esto refuerza el aislamiento y la idea de que solo él puede darte esa paz, esa dopamina, después de haberla destruido.

¿Cómo Romper esta Adicción Química? (Manejo)

Reconocer que no es amor, sino una adicción biológica, es el primer paso para desengancharte.

1. Identifica el Patrón, No el Evento

Deja de ver cada «Luna de Miel» como una señal de cambio. Empieza a verlo como una fase predecible de un ciclo. Cuando llegue el arrepentimiento, recuérdate: «Esto ya lo viví. Sé lo que viene después.» No te dejes llevar por la emoción del momento; recuerda que es parte del patrón.

2. La Distancia Emocional es tu Antídoto

Durante la fase de arrepentimiento, es crucial crear distancia emocional. No te involucres en la euforia o en el drama del «perdón». Responde con calma, sin grandes expectativas. No permitas que el alivio momentáneo borre la memoria del dolor reciente.

3. Busca Fuentes de Dopamina Sanas

Necesitas enseñarle a tu cerebro a liberar dopamina de formas saludables y predecibles.

  • Actividades Placeras: Practica un hobby que te guste, haz ejercicio, escucha música, pasa tiempo con amigos que te hacen sentir bien.
  • Rutinas de Cuidado: Establece rutinas que te den estabilidad y paz, no caos y luego «alivio».

Conclusión: El Verdadero Amor Es Paz, No Picos de Adrenalina

El amor verdadero no te daña para luego consolarte. El amor verdadero es una fuente constante de seguridad, respeto y paz. Tu cuerpo no está buscando más conflicto, está buscando el equilibrio. Es hora de desengancharte de la montaña rusa y buscar la verdadera calma que mereces.

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