¿Y si no es tu pareja el problema… sino tus heridas no sanadas?

A veces no entendemos por qué reaccionamos como reaccionamos en pareja.
¿Por qué sentimos miedo cuando la otra persona se aleja un poco? ¿Por qué nos cuesta confiar, o por qué necesitamos tanto control?

Muchas veces no tiene que ver con lo que pasa hoy… sino con lo que nos pasó antes.
Las heridas emocionales, la ansiedad, la baja autoestima o los traumas del pasado pueden colarse silenciosamente en la relación, afectando la manera en que nos vinculamos y cómo percibimos al otro.

Y aunque no lo parezca, esas heridas no buscan sabotear el amor: buscan ser vistas, comprendidas y sanadas.

🧠 Lo que veo en consulta

En consulta, es muy común ver mujeres que llegan diciendo:

“No entiendo por qué me siento tan insegura si mi pareja no ha hecho nada malo.”
“Siento que si no me escribe, algo anda mal.”
“A veces me da miedo que se canse de mí.”

Y detrás de esas frases, casi siempre hay una historia: una infancia donde el cariño se sentía condicionado, una relación anterior donde hubo traición, o años sintiéndose “no suficiente”.

Esa historia interior se proyecta sin que lo notemos.
Por ejemplo:

  • Quien vivió abandono, puede vivir con miedo constante a perder al otro.
  • Quien creció en un entorno de crítica, puede necesitar validación constante.
  • Quien fue traicionada, puede revisar el teléfono, buscar señales, o desconfiar incluso sin motivos reales.

El problema no es tener heridas. El problema es no reconocerlas y dejar que sean ellas quienes dirijan la relación.

💡 Desde la psicología: cómo empezar a sanar

Sanar las heridas emocionales no significa “borrar el pasado”, sino hacer las paces con él para que no gobierne nuestro presente.
Aquí algunas herramientas que trabajo con mis pacientes para comenzar ese proceso:

  1. Reconoce tus patrones
    Observa con honestidad cómo reaccionas cuando algo te activa: ¿te cierras?, ¿controlas?, ¿te sobreexiges? Nombrar el patrón es el primer paso para dejar de repetirlo.
  2. Aprende a autorregularte
    La ansiedad en la relación muchas veces es miedo disfrazado. Practica pausas, respiración consciente o journaling para conectar con lo que realmente estás sintiendo antes de reaccionar.
  3. Deja de esperar que el otro repare tu herida
    Tu pareja puede acompañarte, pero no puede sanarte.
    Cuando esperamos que el otro “nos calme”, “nos confirme” o “nos salve”, entregamos nuestro poder emocional.
  4. Habla desde la vulnerabilidad, no desde la herida
    Decir “me siento insegura cuando no tengo noticias tuyas” no es lo mismo que decir “seguro estás con alguien más”.
    Una parte sana comunica, la herida ataca.
  5. Busca acompañamiento terapéutico
    Hay heridas que no se sanan solas, porque fueron aprendidas en relación.
    Y solo dentro de un espacio seguro —como la terapia— podemos aprender a vincularnos de otra forma.

Tu pareja no es tu herida… y tampoco es tu enemiga.
Es solo el espejo donde a veces se reflejan las partes que aún necesitan tu atención.

El amor no se trata de encontrar a alguien que nunca te active, sino de aprender a sostener lo que se activa sin perderte a ti misma.
Porque cuando te eliges, aprendes a amar desde la calma, no desde el miedo.🌱 Y ese es el verdadero amor maduro: el que nace de una mujer que decidió sanar.

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